"Testamento" del P. Hervé Belmont

 LA FE ES INFRANGIBLE – MOSAICO EN TORNO AL SEDEVACANTISMO

«La Iglesia nunca ha tenido nada más en el corazón, ni ha perseguido nada con más empeño, que el conservar de la manera más perfecta la integridad de la fe».

León XIII, Satis Cognitum

«La fe católica es de una fuerza y de una naturaleza tal que no se le puede añadir nada ni quitar nada: o se posee entera, o no se posee en absoluto».

Benedicto XV, Ad beatissimi

«La Iglesia romana, en toda la belleza virginal que le da la integridad de su fe, en el resplandor de esa maternidad que se extiende al mundo entero, no es sino la sombra terrenal de María la Virgen de las vírgenes, la Madre universal».

Reverendo Padre Emmanuel (del Mesnil-Saint-Loup)

ESTE ES MI TESTAMENTO

No, no me estoy muriendo; no me siento ni viejo, ni enfermo, ni cansado de vivir. Pero como cada uno de nosotros, en todo momento debo estar preparado para rendir cuentas de mi gestión a mi Dios y Salvador Jesucristo, quien vendrá como un ladrón en el momento en que menos se le espere.

Es la presencia de la caridad y el grado de esta lo que vendrá a examinar en mi alma, y no puedo sino encomendarme a su misericordia suplicándole que me convierta verdaderamente antes de ese instante en el que los mismos justos temblarán. Amable lector, rece por mí, implore a la santísima Virgen María, quien puede obtener maternalmente la enmienda de los más grandes pecadores.

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Pero hay una cosa que ni usted ni yo debemos olvidar: la caridad es aquí abajo la obra de la fe. No puede existir sin la fe; si se tiene la desgracia de haberla perdido, no puede recuperarse sino porque está fundada en la fe; puede merecer crecer porque está fundada en la fe.

Una caridad que no está fundada en la fe es inexistente; una caridad que no está acompañada por el testimonio de la fe es falsa; una caridad que no tiene la preocupación de conservar, alimentar y proteger la fe es vana.

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Es, pues, en testimonio de la fe católica que he reunido un pequeño dossier que es una especie de mosaico, de cuadro impresionista o incluso de paseo en torno a lo que se ha convenido en llamar el sedevacantismo. Es la reunión de textos compuestos a lo largo de un espacio de treinta años, de los cuales muy pocos son inéditos. No habrá de sorprender, por tanto, encontrar en él reiteraciones, matices y diversas tonalidades.

Todo esto es evidentemente muy imperfecto y requeriría un gran trabajo de revisión, unificación y precisión. Pero no he tenido el tiempo para ello porque este dossier nació a raíz de una petición que me hizo un religioso de Avrillé: quería conocer mi «posición» y mis argumentos respecto al «sedevacantismo». En lugar de darle una respuesta monográfica, preferí ofrecerle una visión más general de los problemas que plantea la situación de la Iglesia, por poco que se la quiera mirar con ojos teológicos.

Después de haber comenzado este dossier, leí que la universidad de verano de la Fraternidad San Pío X preveía dedicar un taller a la cuestión, y que un religioso de Avrillé iba a intervenir en él. De repente me dije que tal vez estaba trabajando en balde.

Es por esto que publico desde ahora este dossier: aquellos que puedan o quieran informarse directamente estarán en condiciones de hacerlo.

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Es necesario tener la voluntad de ser católico, de serlo sin disminución, de serlo sin alteración. Pero esta voluntad no basta si no está iluminada y acompañada por el estudio y la meditación de la doctrina católica. Esta doctrina católica hay que ir a buscarla allí donde se encuentra: principalmente en los actos del Magisterio y en la teología de santo Tomás de Aquino.

Al descuidar esto, al contentarse con autores de tercera mano, se corre el riesgo de tener solo una visión parcial, difusa o disminuida de la santa doctrina. En tiempos ordinarios, cuando toda la vida de la Iglesia está impregnada de la verdad in actu exercito (en la práctica), esto no trae graves consecuencias a corto plazo. Pero cuando todo está trastocado, cuando el error está presente en cada recodo de la vida, esta negligencia puede tener efectos catastróficos.

Y si además uno se toma por un doctor en Israel, si ignora incluso su propia ignorancia, entonces se encuentra en presencia de una especie en vías de aparición, el homo forumnicus, o el catholicus univocisticus, que diserta sobre todo y perora en internet (o en otros lugares) sin saber nada, reemplazando el pensamiento por eslóganes, por atajos y por fórmulas que apenas comprende. Peor para los incautos que se dejan impresionar.

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No evoco estas deformaciones al azar. Pues deseo que resalte de las páginas de este dossier que lo más importante no es llegar a las «buenas conclusiones» (pues cada cual tiene las suyas), sino profesar los buenos principios y vivir de ellos. Porque las conclusiones supuestamente buenas no están explícitamente declaradas por la Iglesia, mientras que los principios sí lo están, y con insistencia, y con solemnidad. Por supuesto, estos principios están hechos para extraer de ellos conclusiones que hagan vivir de la fe, pero siempre hay en ello una parte de contingencia, una parte de experiencia y una parte de misterio que son incomunicables.

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Con esto quiero decir que bien puedo estar de acuerdo con las conclusiones de tal o cual persona, y sin embargo sentirme muy alejado de ella debido a los principios que profesa o que pone en práctica.

Me siento bien alejado de los inventores de doctrina, que elaboran sistemas que se oponen a la enseñanza de la Iglesia para escapar a la lógica de la fe.

Me siento bien alejado de los buscadores de la basura, que pretenden encontrar en la historia de la Iglesia Papas heréticos, Concilios erróneos y Santos desobedientes, con el fin de justificar su espíritu de anarquía.

Me siento bien alejado de los maníacos de la epikeia, que no se toman la molestia de conocer las leyes que interpretan, ni de estudiar si se trata de leyes divinas o eclesiásticas, o si se trata de la naturaleza de las cosas. Esto se parece mucho a un espíritu de anarquía.

Me siento bien alejado de los proclamadores de la Ecclesia supplet (la Iglesia suple) que comprenden y utilizan este adagio al revés, contra la constitución misma de la Iglesia y la naturaleza de los sacramentos.

Me siento bien alejado de los fabricantes de jurisdicción que, como un demiurgo, crean un todo de la nada.

Me siento bien alejado de los esparcidores de estiércol, para quienes la situación actual es ocasión de despreciar a su prójimo; de tomar a la ligera su reputación; de transformar en firmes certezas las sospechas o simples posibilidades, o incluso la nada absoluta.

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Me siento bien alejado de lo que el Buen Dios tiene derecho a esperar de mí, en razón de la Sangre que Jesucristo derramó por mi Redención y en razón de las gracias que me ha dado. Por ello, termino esta presentación solicitando de nuevo sus oraciones y su indulgencia.

Padre Hervé Belmont

SUMARIO

0 – Reflexión preliminar (donde se encuentra la explicación de las secciones denominadas de la A a la G)

Sección A

1 – La infalibilidad de las canonizaciones

2 – La infalibilidad de las leyes disciplinarias

3 – El magisterio

4 – La infalibilidad del Derecho Canónico

5 – La ruina de la fe

Sección B

1 – La libertad religiosa

2 – La Misa sacrificada

3 – La reforma litúrgica

4 – La herida criptogámica (o La herejía criptogámica)

5 – Vaticano II

6 – Los fines del Matrimonio

7 – La falsificación del pro omnibus

8 – La profanación de la devoción mariana

9 – Las Misiones

Sección C

1 – ¿Soy sedevacantista?

2 – Carta a La question

3 – La Apostolicidad de la Iglesia

4 – La tesis de Cassiciacum

Sección D

1 – El ejercicio cotidiano de la fe

2 – Carta a un hombre que…

3 – Una postura insostenible

Sección E

1 – La jurisdicción en tiempos de crisis

2 – Estado de la legislación de la Iglesia

3 – La validez de los nuevos sacramentos

4 – Toda la fe, nada más que la fe

Sección F

0 – Dispersión del sedevacantismo

1 – Las leyes eclesiásticas

2 – El episcopado sin mandato apostólico

2.1 – Las consagraciones… en cuestión

2.2 – Correspondencias y complementos

2.3 – Se edifica sobre arena

3 – Juan XXIII

Sección G

1 – Confesión de un Cassiciacum

2 – Confirmación, falsificación y tribunales de la fraternidad

3 – Nostra Ætate VI

4 – Últimas objeciones

(Este trabajo ha sido traducido del francés original y publicado con el generoso permiso de su autor, el Padre Hervé Belmont. - Nota de Non Excidet)

La libertad religiosa

I. La oposición del Vaticano II y de la doctrina anterior a propósito de la libertad religiosa.  II. La consecuencia teologal de esta oposic...