Quienes administramos este sitio somos católicos romanos y no deseamos reivindicar otro calificativo que no sea ese para referirnos a nosotros mismos. Sin embargo, por las circunstancias que nos han tocado vivir, nos vemos en la necesidad de identificarnos como tradicionalistas y, por más señas, como sedevacantistas.
Dicho de otra forma: no reconocemos a Pablo VI y a sus sucesores como verdaderos Papas, con todas las consecuencias que de ello se desprenden.
A pesar de ciertos puntos de contacto, no compartimos la postura de ningún grupo tradicionalista, al menos de entre los más conocidos, puesto que todas ellas nos parecen gravemente deficientes de una manera u otra. La postura que nos parece la más prudente y conforme a las exigencias de la razón y de la fe en la presente situación, es la del Padre Hervé Belmont, cuyos escritos recomendamos encarecidamente al lector.
No tomamos el compartir nuestra postura como criterio para determinar quién es católico y quien no, quién es amigo o enemigo, quién es digno de comulgar en tal o más cuál capilla... puesto que no tenemos ninguna autoridad para ello y porque en la presente situación de anarquía en la Iglesia deberíamos tener todavía más razones para abstenernos de juzgar al prójimo. Sin embargo, con esto no queremos dar la impresión de restarle importancia a las cuestiones tratadas aquí en este sitio, puesto que muchas de ellas son tocantes a la fe y a la membresía en la Iglesia, sin las cuales no hay salvación.
En nuestra opinión, la mayoría de la literatura tradicionalista disponible en lengua española solo refleja puntos de vista parciales y carece de seriedad y objetividad. Con este sitio pretendemos remediar esta necesidad en la medida de lo posible, recopilando traducciones de escritos que puedan iluminar a los fieles católicos hispanohablantes acerca de acuciantes cuestiones como: la validez de los ritos de Pablo VI, la asistencia a Misa "una cum" y el recurso a consagraciones episcopales sin mandato apostólico. No pretendemos tener todas las respuestas, pero nos parece que aquellas que sí tenemos por gracia de Dios son más que suficientes para no extraviarnos a nosotros ni al lector por un camino que nos conduzca a la perdición.
Ante el oscuro panorama que dibujan todas las cuestiones tratadas aquí, nos ha parecido bien adoptar por nombre para este sitio el lema episcopal de San Francisco de Sales, como un recordatorio de que Nuestro Señor Jesucristo no faltará a las solemnes promesas que ha hecho a Su Santa Iglesia.
